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07-07-2011

Los jóvenes, el empleo y los nuevos paradigmas

Por Gustavo Gosiker Contador Público y Master en Dirección de Finanzas


 

Muchos años atrás, la televisión nos mostraba en cada programa donde hubiesen habido situaciones ocurridas en una oficina, un “Señor Jefe” al cual se le respetaba hasta el temor, quien llegaba después de sus empleados, quienes dejaban de conversar entre sí y se abocaban a su tarea sin mediar más comentarios.

Era un reflejo casi nítido de lo que sucedía en la gran mayoría de las empresas reales, hubiesen sido éstas locales, multinacionales, familiares o cualquiera hubiese sido su tipología.
¿Y la información? Era el bien más preciado por cualquier funcionario, ya que su posesión era uno de los símbolos del poder, algo que lo hacía necesario y casi imprescindible para la organización.
Los tiempos cambiaron, la información (excepto, obviamente, la confidencial o estratégica) está al alcance de la mayoría. La tecnología “democratizó” el uso y el acceso a la misma, y las nuevas generaciones se encontraron con contextos de mayor alcance en cuanto al conocimiento del rumbo de la empresa.
Las nuevas técnicas de planeamiento estratégico y la necesidad de alinear a todo el personal en dirección a la Misión de la empresa, forzaron a que los antiguos jefes (y no hablamos todavía de líderes desde el punto de vista conceptual de influencia en conductas) tuviesen que abrirse a las nuevas políticas y estrategias y dejar de ser los “almacenadores” de información para pasar a ser “democratizadores” de información en pos de el alineamiento antedicho.
Fue así como las estrategias, valores, objetivos y la misión de la empresa se pusieron al alcance de todos los integrantes de la misma, para que todos recorran el camino en la misma dirección y pasen a sentir una mayor identificación con la empresa en virtud de saberse y verse parte del resultado de la misma o directamente de su negocio.
Fue así que los objetivos individuales pasaron a reconocerse como parte de los objetivos concretos de la empresa, lo cual favoreció a la identificación y alineamiento con la empresa.
Por otro lado, las nuevas generaciones establecieron que la identificación con la empresa partía de sus propios intereses y no de los de la empresa, por lo cual ésta ya no era el principal atractivo sino el cumplimiento de sus propios objetivos, cualquiera fuese el receptor de estos planes.
Surge así el nuevo paradigma: “el trabajo en la misma empresa dura en tanto me conviene pero mi expectativa no es
que dure por siempre”.
Se analizan diferentes alternativas en diferentes empresas y cada una es un lugar de paso en tanto y en cuanto no aseguren crecimiento, capacitación, desarrollo y buen clima laboral.
Sin embargo, en la última década, la nueva generación se “enamora” del proyecto propio como alternativa de crecimiento personal y profesional.
La Generación Y (1), es decir aquellos jóvenes que buscan progresar, aceptan desafíos, luchan por lograr sus objetivos pero sienten que la empresa es ajena. La compañía en la que sus antecesores buscaban hacer carrera, deja de ser su proyecto personal.
Las nuevas generaciones tratan de montar su propio emprendimiento, muchas veces sin la planificación previa imprescindible pero “el fin justifica los medios”.
Este es otro nuevo paradigma que viene a romper con los anteriores, al menos parcialmente, pero nos define la
característica de los próximos años.
Aprovechando la descentralización de las grandes compañías que comienzan a preferir tercerizar ciertos servicios, ven que pueden optar por numerosos proyectos para las distintas necesidades, sin tener que acumular costos fijos innecesariamente y aprovechando una de las mayores ventajas que es  pagar por los servicios sólo cuando son necesarios.
El paradigma de este siglo nos guía hacia servicios que no integren la estructura fija de una corporación, y nos lleva a constituirnos en guías de quienes tienen la voluntad, intención e idea de valerse por sí mismos pero que no están exentos de cometer los errores al que el apuro de la juventud los puede llevar involuntariamente.
 
 
(1) Generación Y: se refiere a las personas que nacieron entre 1982 y 2000 (límites no exactos). Es la que creció con los teléfonos celulares, las computadoras, reproductores de CD, las familias no tradicionales.
Su característica principal es el cuestionamiento.

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