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28-09-2010

Al final, ¿Okita tenía razón?

El economista japonés recomendaba para la Argentina una estrategia basada en la expansión de las exportaciones especialmente de manufacturas. ¿Cuán aplicable es aquel famoso informe 25 años después?


 

Durante la presidencia de Raúl Alfonsín, el gobierno solicitó asistencia técnica a un destacado economista japonés, Saburo Okita, quien presentó un detallado informe con una serie de propuestas, destinadas a que la Argentina recuperara terreno perdido en el plano del desarrollo, a partir de que "en el período 1950-80 ...había registrado menos de la mitad de las tasas de crecimiento alcanzadas por otros países latinoamericanos, como Brasil y México".

 

Basado en parte en la experiencia del milagro japonés, Okita (fallecido en 1993) recomendó una estrategia basada en la "expansión de las exportaciones, especialmente de las manufacturas". Este enfoque industrialista, de todos modos, no renegaba de los recursos naturales del país, considerando por ejemplo que la "autosuficiencia energética es...una ventaja definitiva hacia el futuro desarrollo económico", advirtiendo además que "la economía argentina tendrá que depender fuertemente a corto plazo del superávit generado por la agricultura en su sector exportación". Cabe recordar que en aquella época (mediados de la década del '80) subsistía un generalizado pesimismo respecto de los precios de las materias primas. 

 

Ortodoxo, pero no tanto

 

El enfoque de Okita era ortodoxo comparado con propuestas estatistas y mercadointernistas. Pero resultaba heterodoxo en relación a las ideas de que bastaba un cambio en las reglas de juego para relanzar a la economía argentina.
En su costado ortodoxo, el trabajo decía, por ejemplo, que "el coeficiente de inversiones estuvo estancado y la eficacia de las inversiones fue baja, debido en parte ...a la política de sustitución de importaciones que protegía fuertemente a las industrias nacionales que abastecían al limitado mercado interno".


En su flanco más heterodoxo, el informe Okita recomendaba no dejar todo librado a las fuerzas del mercado sino "promover selectivamente industrias estratégicas tales como agroindustria, petroquímica, industria de computación, industria de máquinas herramienta y bioindustria". Aunque partidario de lo que hoy se denominan políticas de desarrollo productivo, advertía que "la reestructuración del sector industrial debe realizarse a través del incremento de la competencia en los mercados interno y externo".


Además, insistía en la importancia del horizonte económico, ya que "los inversionistas...deben tener una idea más o menos clara sobre lo que pueden esperar a futuro", para lo cual se requiere también que "el gobierno asegure la continuidad de las políticas económicas básicas que aplique".


La selección arbitraria de algunos subtítulos del trabajo de Okita permitirá al lector completar su composición de lugar: "importancia del mecanismo de mercado"; "privatización de las empresas públicas"; "fortalecimiento de los sistemas de apoyo a la investigación y el desarrollo"; "desarrollo de una infraestructura eficiente".


Demás está decir que, 25 años después, si se suman y restan todos los ciclos, la Argentina no logró romper con el embrujo de un crecimiento más lento que el de países comparables. La significación del PIB de nuestro país en el PIB mundial, que había descendido por el tobogán, todavía era de 0,7% mientras que en el presente oscila en el 0,5%.


Pero veamos los datos del sector externo, dónde se focalizó la atención del destacado economista japonés.
En la segunda mitad de los '80, la participación de la Argentina en las exportaciones mundiales había sido de 0,35%. Promediando los últimos tres años, esa participación pasó a 0,41$ es decir, no hubo cambios significativos.
En cuanto a las manufacturas de origen industrial, las exportaciones de la argentina pasaron de 0,15% del total mundial de este sector a 0,19% en los últimos tres años. La leve mejoría experimentada no deja lugar a la complacencia.

Hoy la Argentina sigue dependiendo de las exportaciones agrícolas para sustentar su balanza comercial, algo que en aquel documento se esperaba que fuera por "corto plazo". Sin embargo, la irrupción de China e India, algo que comenzó a manifestarse en el mercado de materias primas recién en esta década, modifica algunos grados el centro de gravedad de una estrategia de crecimiento para la Argentina. No para desplazar a la industria, por la importancia que ésta también tiene para el avance del conocimiento y de la tecnología, pero si quizás permitiendo mayor complementariedad e interacción, con encadenamientos productivos prosperando aguas arriba y aguas abajo de núcleos de actividad basados en recursos naturales. 

 

Lo que va de ayer a hoy

 

Algunas de las recomendaciones de aquel trabajo se expresarían hoy de modo mucho más cauto, caso del énfasis en la petroquímica, por la menor disponibilidad de recursos. Cuando se elaboró aquel informe, las reservas probadas de gas representaban más de 45 años de producción, mientras que ahora sólo alcanzan a 9 años.


En cambio, la idea subyacente de que la industria argentina podría ser más competitiva en la región latinoamericana, de algún modo ha encontrado elementos para fortalecerse. Como se señaló más arriba, la performance de las exportaciones de manufacturas de origen industrial no ha sido brillante en los últimos 25 años. Pero al interior de la estadística se encuentra un hecho nuevo, muy significativo: a mediados de los '80, sólo una décima parte de las exportaciones industriales de nuestro país se dirigían a Brasil, (evidentemente era una época en la que todavía nuestro vecino formaba parte de las  "hipótesis de conflicto"). En cambio, en los últimos años, (siempre considerando manufacturas de origen industrial) las exportaciones a Brasil explican el 40% del total del segmento, y posiblemente en 2010 pasen a ser la mitad.
Esta tendencia parece confirmar la idea que buena parte de las inversiones y de las exportaciones del sector manufacturero se explican por el intercambio intraindustrial. La buena noticia es que la Argentina ha podido integrarse en algunas cadenas de valor dinámicas. La mala es que, por esa vía, estamos ingresando a un terreno de extrema "brasil-dependencia".


Por supuesto que acotar la "brasil-dependencia" no debe pasar por restringir el intercambio en el seno del MERCOSUR. Muy por el contrario, puede y debe profundizarse. Lo que sí debería plantearse es lograr un dinamismo aún mayor en las exportaciones industriales al "resto del mundo". Releyendo a Okita y utilizando, en forma no sesgada, la experiencia de los últimos 25 años, quizás podamos lograrlo.

Para ver la nota en su contexto original, hacer click AQUÍ

 

Jorge Vasconcelos

Investigador, jefe leral - Fundación Mediterránea

Prensa Económica

21/09/2010

 

 

 

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