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24-06-2010

El Profeta de la Palabra de Gaudí

Nota a Etsuro Soto, "el Gaudí japonés" que desde hace más de tres décadas trabaja para completar la Sagrada Familia, el imponente templo que empezó el arquitecto catalán a comienzos del 1900.


El Profeta de la Palabra de Gaudí

 

Le dicen "el Gaudí japonés", pero él lo niega rotundamente. "Soy un pequeñísimo grano de arena frente al gran bloque de piedra que es Antoni Gaudí", responde con premura Etsuro Sotoo, el escultor de 56 años que desde hace más de tres décadas trabaja para completar la Sagrada Familia, el imponente templo que empezó el arquitecto catalán a comienzos del 1900.


En su primera visita al país, para dar conferencias en Buenos Aires, Rosario y Santa Fe, el artista que se define "un humilde picapedrero", afirmó: "Querría que la gente descubriera la necesidad que tenemos hoy de Gaudí".


Señaló que "el miedo que tiene la humanidad a sobrevivir" desaparecería si se sigue el camino que indicó el catalán: la obediencia a la naturaleza.


En un cerrado español con tonada japonesa dijo que Gaudí encontraba en las fuerzas que rigen a la naturaleza las respuestas a sus problemas.


Precisó que para el artista catalán lo primero en todo lo que hacía no era la búsqueda de la belleza por sí misma, sino intentar que sus obras cumplan la función para las que se las hacía.


Y explicó que en una época en la que no existían los extractores de aire, Gaudí dejó que el viento dictara la forma de las chimeneas, así como la ley de gravedad el diseño de las estructuras y la luz el de las ventanas.

Con 32 años trabajando en el mismo lugar, Sotoo no se cansa: "Gaudí es estructura, función y simbolismo. Sigo mirando la Sagrada Familia y siempre descubro algo nuevo. No sobra nada ni falta nada".


Si fuera por él, seguiría allí por siempre. "No estamos construyendo sino criando una vida, porque el arte, la belleza es algo vivo", dijo en diálogo con LA NACION en momentos previos a la presentación que hizo en la Sociedad Central de Arquitectos, en Buenos Aires, cuyo auditorio fue superado en su capacidad por unas 400 personas, en su mayoría joven.

Rescatar el oficio

"En una época de tanto arte conceptual, Sotoo no sólo rescata el oficio de la talla de piedra viva, sino que da un testimonio de transformación personal al trabajar en la obra de Gaudí", dijo el artista plástico Roberto Scafidi al presentar al escultor japonés en la charla organizada por el Centro Cultural Charles Péguy.


Sotoo contó que la trayectoria que lo llevó hasta Barcelona, donde vive desde 1978, "es un poco rara". Relató: "Generalmente se busca ganar dinero, tener trabajo. Yo buscaba acercarme a la piedra y encontré la Sagrada Familia".


Quedó fascinado y, casi sin saber nada sobre la vida de Gaudí, que murió en 1926, logró entrar a trabajar primero como picapedrero y, luego, como escultor.

"En aquella época, todo el mundo decía que Gaudí era más un loco que un genio. Con el tiempo, descubrí que es un genio e intenté llegar a su pensamiento", planteó.


Agregó que en un primer momento se sintió muy triste y desesperado porque no sabía dónde mirar para hacer las esculturas como las hacía el catalán, a quien la Iglesia Católica inició un proceso para reconocerlo como santo. "Después de un tiempo muy oscuro, descubrí que para entender a Gaudí hay que mirar donde miraba él", expresó, y admitió que, siguiendo a quien considera su maestro, se convirtió del budismo al catolicismo.

De todas formas, aclaró: "Cada uno con su oficio, sea budista o católico, puede colaborar con la creación de Dios". Hoy Sotoo dirige un grupo de tres escultores con los que trabaja a la par junto con una veintena de arquitectos que tienen el encargo de mantener y completar el templo que, a simple vista, trae reminiscencias con los castillos de arena infantiles.


Colocar una escultura suya en esa gran obra de arte le llevó a Sotoo siete años. En 1985 puso el primero de quince ángeles y nueve niños de una serie en la que algunos tienen rasgos orientales. "Son los que están mirando hacia el Oriente, hacia donde nace el sol", dijo, y contó que la pregunta que más le repiten los europeos es por qué los japoneses son los más atraídos por la Sagrada Familia.

Entre los cerca de 10.000 turistas que visitan ese monumento a diario la mayoría es japonesa. "La palabra clave es: naturaleza", explicó, y dijo que "naturaleza no son sólo las flores, sino sus fuerzas invisibles gracias a las cuales estamos viviendo".


Su cultura japonesa, comentó, le ayudó a comprender a Gaudí de quien habría que imitar su capacidad de observar y aprender de la naturaleza. "Hay mucha gente que construye un mundo en su cabeza como producto del nihilismo y así la humanidad no va encontrar salida", manifestó.


"Todos quieren ver la Sagrada Familia. Los 9000 o 10.000 que la visitan a diario entran como turistas y salen con una pregunta sobre su humanidad: ¿Adónde vamos? ¿Cuál es el camino? ¿Tengo que cambiar algo?", se preguntó, y agregó: "No es sólo un monumento turístico, sino la posibilidad de abrir una nueva puerta en cada uno".

 

Silvina Premat

La Nación

15 de junio de 2010

 

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